miércoles, diciembre 13

No más zoológicos, estos son los mejores sitios para visitar animales libres

Un espalda plateada de 25 años en el parque nacional Virunga (RDC), donde vive un tercio de los 900 gorilas de montaña que quedan en el mundo.

1. Hermano simio

Que cargue contra ti un gorila impone. Aunque antes te hayan instruido sobre lo que has de hacer: quedarte quietecito, con la cabeza gacha y en actitud sumisa, como Sigourney Weaver en Gorilas en la niebla. Rugen, se golpean el pecho y parece que te van a descuartizar. Puro teatro. Salvo que salgas corriendo o los mires a los ojos. Lo cierto es que aparte del susto y de las hormigas que se te comen vivo mientras estás agachado, el encuentro con un silverback —un “espalda plateada”, como se conoce a los grandes machos de gorila— en su medio natural es una experiencia emocionante como pocas. Los gorilas son salvajes y misteriosos. Son enormes y melancólicos, como King Kong. Son primates, como nosotros. Los ataques a humanos son raros, y casi siempre ocurren dentro de algún zoo, donde estos grandes simios languidecen y te devuelven la mirada desde el otro lado del cristal o los barrotes, como diciendo: “¿Por qué yo estoy aquí y tú no?”. Solo queda una pequeña población en los bosques ecuatoriales de los montes Virunga, una cadena de volcanes que se extiende entre la República Democrática del Congo, Ruanda y Uganda. El Bisate Lodge es un nuevo alojamiento ecológico situado en la ladera boscosa de un antiguo volcán de los montes Virunga, en las tierras altas de Ruanda. Sus nueve habitaciones con forma de choza tienen vistas a los majestuosos volcanes Bisoke, Karisimbi y Mikeno. Organizan salidas para ver a los simios en libertad y excursiones a la tumba de Dian Fossey, la protagonista de Gorilas en la niebla, interpretada en el cine por Sigourney Weaver, asesinada en 1985 por cazadores furtivos.

Una jaguar en Belice.
Una jaguar en Belice. FRANS LANTING

2. El reino del jaguar

La sierra Maya, en Belice, esconde lugares como la gruta de Actun Tunichil Muknal, la cueva de la Doncella de Cristal, una de las puertas de acceso al inframundo maya, o el parque nautural de la cuenca de Cockscomb (Cockscomb Basin), una amplia franja de bosque tropical, de 518 hectáreas de extensión, que en 1984 se convirtió en la primera reserva de jaguares del mundo. En ella viven medio centenar de jaguares, además de otras cuatro especies de felinos salvajes: puma, ocelote, tigrillo y jaguarundí. En el parque hay un centro de información con alojamiento y senderos.

Un tiburón ballena en la bahía de Cenderawasih, en Papúa Nueva Guinea (Indonesia).
Un tiburón ballena en la bahía de Cenderawasih, en Papúa Nueva Guinea (Indonesia). PAUL COWELL

3. Tiburón ballena

El único lugar del mundo con una población estable durante todo el año de tiburones ballena (el mayor pez que existe, inofensivo, de hasta 18 metros de longitud) es la bahía de Cenderawasih, en Papúa Nueva Guinea (Indonesia). Los pescadores de la zona faenan con un sistema de plataformas de madera flotantes llamadas bagangs y potentes focos con los que atraen de noche a los cardúmenes de ikan puri, una especie de anchoa. Como no disponen de refrigeración, mantienen las redes con los peces vivos dentro del agua durante días, hasta que llega el barco de recogida, y los tiburones ballena, habitualmente nómadas en busca de plancton, se han acostumbrado a merodear por allí para alimentarse con los restos de pescado y el krill que se desprenden de las redes. También es posible verlos entre finales de mayo y principios de septiembre en la isla de Holbox, frente a la costa norte de la Península del Yucatán, en aguas del Golfo de México; y de octubre a abril, en la bahía de La Paz, en Baja California Sur.


 

4. Ballenas grises

Ver de cerca ballenas grises, uno de los mayores seres vivos que han existido nunca en este planeta (15 metros de largo y 40 toneladas de peso) es una de las mejores razones para viajar hasta la Baja California. Desde noviembre hasta abril, miles de ballenas grises llegan en migración desde las frías aguas del mar de Bering, entre Alaska y Rusia, a 9.700 kilómetros, hasta las lagunas costeras de la Baja California en busca de lugares tranquilos para aparearse o parir y amamantar a los ballenatos —700 kilos de peso al nacer— que han gestado durante 12 meses. Aunque son las más abundantes, no son las únicas que visitan la región: también hay rorcuales, yubartas, orcas, calderones e incluso la gran ballena azul, el animal más grande del planeta, con hasta 26 metros de longitud, además de un total de 33 especies de mamíferos marinos, incluyendo delfines, leones marinos y focas.

Dos buceadores en la Gran Barrera de Coral, en Australia.
Dos buceadores en la Gran Barrera de Coral, en Australia. JEFF HUNTER GETTY

5. El reino de los corales

Con una extensión de más de 3.000 kilómetros, la Gran Barrera de Coral, frente a la costa australiana de Queensland, es el mayor conjunto de arrecifes coralinos del mundo, un ecosistema único donde viven 400 tipos de coral y 1.500 especies de peces. Un paraíso para los buceadores que es visitada cada año por cerca de dos millones de personas y se crean proyectos que implican a los turistas en su protección. El monumento nacional de Papahanaumokuakea, en Hawái (EE UU), con 1,5 millones de kilómetros cuadrados, es la mayor área marina protegida del planeta. El santuario natural triplica la superficie de España y alberga más de 7.000 especies, entre ellas la tortuga verde y la foca monje hawaiana. Dentro de sus límites se halla el atolón de Midway, escenario de una de las mayores batallas navales de la historia y convertido en monumento nacional (sus aguas son un cementerio de barcos hundidos y aviones derribados en la Segunda Guerra Mundial).

Pareja de leones macho en un parque nacional africano.
Pareja de leones macho en un parque nacional africano. CAROLE DESCHUYMERE GETTY IMAGES

6. Tierra de leones

Cada año un millón de ñúes y 800.000 cebras y gacelas emprenden un viaje de casi 2.000 kilómetros, desde las llanuras del Serengueti (Tanzania) hasta los pastos frescos de Kenia. En su viaje, los herbíboros se ven obligados a vadear el río Grumeti en el pasillo oeste del parque nacional del Serengueti, donde acechan hordas de cocodrilos hambrientos. En el festín, donde cada año son devorados unos 100.000 animales, también participan hordas de leones y hienas. Alrededor de la gran migración han surgido iniciativas como el Cheetah Tented Camp, un campamento turístico junto al río Mara (Kenia) dirigido por los españoles Jorge Alesanco y Mariola Liberal, que cooperan estrechamente con las comunidades masáis de la zona, sobre todo en proyectos de escolarización, y dirigen un proyecto de recuperación de los guepardos. Detrás de otro de los proyectos, el Maji Moto Cultural Camp, están los masáis Hellen Nkuraiya y Salaton Ole Ntutu. Además de alojarse en el campamento, los viajeros pueden conocer durante su estancia en el poblado algunas de las costumbres locales, darse un chapuzón en las termas de agua caliente que dan nombre al poblado o participar en un safari nocturno. Los ingresos generados por los turistas revierten en mejorar las instalaciones sanitarias y de agua corriente, y en el mantenimiento de la escuela local y un centro de acogida para viudas y muchachas víctimas de matrimonios concertados o de mutilaciones genitales, dos lacras frecuentes en sociedades patriarcales como la masái. El conjunto formado por el parque nacional Masai Mara, en Kenia, y el parque nacional Serengeti, en Tanzania, donde la población estimada es de unos 3.000 ejemplares, es uno de los mejores lugares para ver leones en libertad. Dereck y Beverly Joubert, conocidos por sus documentales africanos para National Geographic, abrieron en primavera el ecocampin Duba Plains Camp, un asentamiento de lujo en el delta del Okavango, en Botsuana, desde el que organizan salidas para ver fauna salvaje por reservas como el parque nacional de Hwange, el hogar del león Cecil, muerto a flechazos por un dentista cazador de Minesotta.

Dos ejemplares de tortuga verde comiéndose una medusa.
Dos ejemplares de tortuga verde comiéndose una medusa. BARCROFT MEDIA GETTY

7. Tortugas verdes en la playa

Costa Rica concentra un 5% de la biodiversidad de la Tierra, con 850 especies de aves, de las que 50 son de colibríes; 6.500 de mariposas; 13.000 de plantas, de las que 1.200 son orquídeas; 237 especies de mamíferos, y más de 200 de anfibios y reptiles. Entre los meses de julio y octubre, aunque con mayor intensidad en agosto, las tortugas verdes, de un metro de longitud y hasta 200 kilos de peso, utilizan los 30 kilómetros de playa virgen de Tortuguero para desovar. La naturaleza de Costa Rica se extiende más allá de los circuitos habituales (Monteverde, San José, Arenal, Corcovado y Tortuguero) a lugares como La Piedra de Providencia o los parques nacionales Manuel Antonio, Carara y Rincón de la Vieja. El proyecto Caminos de Oro, una red de senderos por la reserva forestal Golfo Dulce, en la península de Osa, busca reducir el exceso de visitantes al parque nacional Corcovado y, de paso, beneficiar a los pueblos de la zona. En los últimos años también han proliferado alojamientos como Maquenque Eco Lodge, que promueven la economía local y favorecen la reinserción de especies animales en su hábitat natural. En Nicaragua hay volcanes activos como el Concepción o el Masaya, ciudades coloniales y refugios de la biodiversidad como los ríos Sábalos y San Juan o la reserva de Indio Maíz. Tops Nicaragua agrupa a seis agencias nicaragüenses especializadas en ecoturismo, aventura, culturas vivas y turismo vulcanológico certificadas por la Rainforest Alliance.

8. El mayor parque de Argentina

Esteros del Iberá, al norte de Argentina, ocupa una superficie de 1,3 millones de hectáreas de hipnóticas láminas de agua, herbazales y canales donde viven yacarés, carpinchos (roedores del tamaño de un cerdo) y especies en peligro como el lobito de río, el aguará guazú o lobo de crin, el venado de las pampas o el ciervo de los pantanos. De la superficie total de los esteros, 150.000 hectáreas propiedad de la fundación Conservation Land Trust fueron donadas al Gobierno por el empresario estadounidense Douglas Tompkins a fin de crear el mayor espacio natural del país: el parque ecoturístico de Iberá. El proyecto, que beneficiará a una veintena de municipios de la provincia de Corrientes, prevé crear miles de puestos de trabajo y atraer a 300.000 visitantes anuales.

Elefante salvaje en el parque nacional de Yala (Sri Lanka).
Elefante salvaje en el parque nacional de Yala (Sri Lanka). AFP GETTY

9. Leopardos y elefantes

El parque nacional de Minneriya, en la isla de Sri Lanka, es escenario de una de las mayores reuniones animales, la de los elefantes salvajes que acuden en julio y agosto a un enorme estanque construido por el rey Mahasen en el siglo III. Con más de 35 leopardos, el parque nacional de Yala acoge una de las poblaciones más densas del mundo y es uno de los mejores lugares para contemplar a estos felinos. Suelen verse entre febrero y julio, y el final de la temporada seca (marzo y abril) ofrece las mejores condiciones, ya que los animales se congregan en torno a los abrevaderos menguantes del parque. El Mahoora Safari Camp de Yala ofrece alojamiento ecológico y safaris en todoterreno.


Fragatas y piqueros en las islas Galápagos.
Fragatas y piqueros en las islas Galápagos. WOLFGANG KAEHLER GETTY

10. El archipiélago encantado

Aislamiento, en biología, es casi siempre sinónimo de especies únicas, extrañas y maravillosas. Así ocurre con las Galápagos, un archipiélago volcánico a unos 1.000 kilómetros de las costas de Ecuador donde unas pocas especies procedentes del continente se quedaron aisladas del resto y evolucionaron de forma independiente, adaptándose a las condiciones especiales de cada isla. Herman Melville, el autor de Moby Dick, se refirió a ellas como ‘las estériles encantadas’, pero hay pocos lugares en el planeta donde la vida palpite como en este grupo de 13 islas y más de 110 islotes y rocas pobladas por pingüinos, iguanas terrestres y marinas, leones de mar, ballenas y miles de pájaros, sin olvidar las tortugas gigantes —galápagos— que dan nombre al archipiélago y son los seres más longevos que existen (su edad sobrepasa los 150 años), si exceptuamos los árboles y algunas bacterias. Charles Darwin lo visitó en 1831, durante su célebre viaje a bordo del Beagle, y allí encontró las bases de su teoría de la evolución. La ausencia de depredadores en las Galápagos hace que la fauna del archipiélago se muestre sumamente confiada con los visitantes, que pueden acercarse a un palmo de los animales, aunque sin salirse de los senderos marcados.

Dos dragones de Komodo intercambiando impresiones.
Dos dragones de Komodo intercambiando impresiones. YULIA SUNDUKOVA / BARCROFT MEDIA GETTY

11. La isla de los dragones

Confinados en cuatro pequeñas islas al este de Java (Indonesia), allí donde la línea de Wallace (una profunda fosa marina) marca los destinos divergentes de la fauna asiática y la australomelanésica, los dragones de Komodo no fueron descubiertos hasta 1911, cuando la administración colonial holandesa envió una expedición para comprobar la veracidad de los rumores sobre feroces lagartos gigantes que llegaban desde la isla prisión de Komodo y su relación con la misteriosa desaparición de algunos convictos. Estos enormes varanos pueden medir más de tres metros y pesar hasta 150 kilos. Tienen unas mandíbulas poderosas y armadas con dientes serrados, como los tiburones. Son temibles depredadores, además de carroñeros, y no hacen distinciones entre una persona y un cerdo salvaje. Acechan y cazan en grupo. Con sus lenguas bífidas, rastrean a su presa, a la que derriban y evisceran en un pispás. En cada banquete ingieren hasta un 80% de su peso, y tras una lenta digestión, regurgitan una bola maloliente de pelos, cuernos, dientes o zapatos.

Un tigre de Bengala en el parque nacional de Jim Corbett, en Uttarakhand (India).
Un tigre de Bengala en el parque nacional de Jim Corbett, en Uttarakhand (India). GETTY IMAGES

12. Tigres esquivos

“La única certeza en la huella de un tigre es: síguela el tiempo suficiente y acabarás llegando a un tigre, a no ser que el tigre llegue antes a ti”. El periodista John Vaillant, en su libro El tigre (Debate, 2012), cuenta la historia de la caza de un tigre siberiano (Panthera tigris altaica) que en 1997 devoró a dos personas y provocó el terror en el Primorje, el vasto territorio en el extremo oriental de Rusia que también aparece en la película Dersu Uzala (1975), de Akira Kurosawa. Actualmente solo quedan en libertad unos 3.200 tigres, y salvo en los zoos, es difícil verlos. Eso los hace especialmente terroríficos: un tigre es esa huella que encuentras impresa en el barro junto a la tuya, en el sendero por el que justo media hora antes habías pasado. La India cuenta con varias reservas dedicadas a los tigres de Bengala. Una de las más conocidas es el parque nacional Jim Corbet, en el Estado de Uttarakhand, bajo las faldas del Himalaya, que lleva el nombre de un famoso cazador de felinos comedores de hombres, aunque es más fácil verlos en el parque de Bandhavgarh (Madhya Pradesh), que tiene la mayor densidad de ejemplares del país

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